Arte y artesanía y la nueva ética del hacker y el bricoleur.

Hoy pude asistir a una conferencia de Jünger Mich sobre la Bauhaus en la facultad de Bellas Artes de Pontevedra. No es que el tema sea algo que me preocupe habitualmente, pero como ya decimos en entelequia nos preocupa todo lo que tenga que ver con el conocimiento.

Mi interés sobre la conferencia de hoy, aunque también se hablaron de temas interesantes como la relevancia del plano en el cubismo y su oposición a la clásica perspectiva; se centra, sobre todo, en la distancia entre el Arte y la artesanía; preocupación que hicieron suya los maestros de la Bauhaus; a la que pertenecieron personalidades tan importantes como Paul Klee o Kandinsky; y que intentaron resolver armonizando ambas ya desde la formación en el propio centro, con un experto en teoría de arte y un experto en la realización de este arte; si no he entendido mal; y luego en el proceso de distribución y venta, gracias a la fabricación en serie.

Es evidente que la “distancia” entre creación y realización se hace más grande si se quiere trasladar al pueblo dicha realización; cosa que pretendía “La Bauhaus”; es decir, si yo creo un objeto en mi casa, ese objeto tiene poca capacidad comunicativa, sobre todo porque al estar en mi casa poca gente tiene acceso a él; pero esa creación ya es un objeto y por tanto se ha recorrido ya una breve distancia entre lo que yo tenía en mi cabeza y la realización de dicha idea; (lo cual ya ha aumentado su capacidad comunicativa); pero si yo además lo traslado a un museo, pongamos por caso; se reduce aún más la distancia con el pueblo y por tanto el objeto gana capacidad comunicativa; evidentemente este paso, cuesta; y no sólo cuesta trabajo, sino que cuesta dinero y por lo tanto necesariamente se mercantiliza la cuestión y entran en juego valores ajenos al arte mismo, sobre todo el poder; pero si además yo quiero todavía ir más allá y llevar, “mi” objeto (luego explico porqué encomillo el mi) a su máxima capacidad comunicativa, tendré que llevarlo al pueblo mismo; es decir convertirlo en “popular”; lo cual supone un coste aún mayor, y si además, un paso más allá, quiero aumentar más todavía la capacidad comunicativa convirtiéndola en capacidad útil; tendré que llevarlo a las manos del pueblo, para que lo maneje; el cose de esta última acción es ya elevadísimo; y por tanto la el poder que se crea es mayor; si esto fuera inevitable, nada que decir, pero es que creemos que es evitable, de ahí viene lo que ahora digo.

Porque al mismo tiempo me preocupó otra cosa; parece ser que hoy tenían otra reunión tipo charla, y es probable que solucionen lo que ahora digo en dicha reunión, lamentablemente no podré acudir. Lo que me preocupó, y es algo que me preocupa en casi todas las reuniones y conferencias a las que asisto (esto ya lo suelo comentar en las reuniones de mis amigos anarquistas), es que siempre el conferenciante tiene la vista hacia el pasado, por eso tampoco critico a Jünger, ya que no hizo sino lo que al uso se llama conferencia; y aunque tener la vista “hacia” el pasado no es necesariamente negativo; esto se vuelve peligrosísimo si además se tiene la vista “en” el pasado; quiero decir, si además uno “está en” el pasado. Yo entiendo que dada la importancia de la historia y su absoluta inabarcabilidad uno pueda dedicar su vida entera casi, a hacer arqueología; lo cual no está mal si no se queda uno en el pasado; porque el estudio del pasado debe servir para actualizarlo; esta es la clave, ¡hacerlo actual! (esto es, hacerle servir como respuesta a problemas que se plantean hoy); y para eso no se puede uno quedar con la vista “en el pasado” sino con la vista “en el presente” si bien, “hacia” el pasado; y, claro está, con tensión dinámica en hacia el futuro; esta tensión dinámica es un estudio del presente que se “está haciendo” futuro.

Por todo esto que se desconozca que hoy hay respuestas adecuadas a esta distancia entre el arte y la artesanía no me parece bien, aunque en cierto modo me parece normal; lo que más me preocupa es que no se muestre mayor interés sobre esto; es decir la conferencia a la que hoy asistí no fue más que un documento histórico, no hubo propuestas de actualización de lo que fue histórico (el pasado) para presentarlo hoy en lo que está siendo histórico (el presente) y favorecer la germinación de lo que está siendo futuro. Por eso no puedo dejar de decir lo que ahora viene.

En la nueva ética que se está gestando (y uso ética en su sentido originario; una nueva forma de ser, un nuevo “carácter” del hombre) en la que estarían mezclados el éspiritu del Blicoleur y el del Hacker; en ese espíritu del “Hazlo tu mismo” pero llevado a su máximo exponente gracias a herramientas como el fabbing tenemos capacidad, sin lugar a dudas de reducir la “distancia” entre la creación y la fabricación; esto quiere decir que el seguir haciendo las cosas como se hacían antes, no hace sino generar artificialmente escasez; por esto las cosas ya no pueden seguir como antes. Yo creo que eso es bueno.

Es la “lógica de la abundancia” que viene frente a la “generación de escasez” “la pluarquía” frente al imperialismo o al centralismo de estado, o al mercantilismo; un modelo ético en el que será muy difícil el control por parte del poder, porque todos tendran el poder suficiente para hacer cualquier cosa; ahora bien,

Hay que revisar los viejos modelos, ya no vale el decir “soy dueño de este diseño, soy dueño de este objeto” como intenta decir el actual modelo de patentes; una cosa es la idea, otra cosa es la realización de esta idea; una cosa es el diseño, otra cosa es el objeto que se realiza. Un arte en el que la creación y la interpretación se encuentran momentualmente diferenciadas; al igual que en el teatro o el origami, (en los que el artista no interpreta su obra) el artista crea una obra y después el intérprete la realiza, y la comunica;  la creación es única efímera e irrepetible, la interpretación es heterogénea y esencialmente re-producible; si esto lo traspasamos a todo modo de arte; gracias al fabbing, nos encontramos a comunidades, que ya existen (no son futuro) como Fab@home, o RepRap en donde los creadores ponen sus diseños a disposición de cualquier interprete, que con una máquina de fabbing tendrá, instantaneamente en su casa, una interpretación de dicho objeto. ¿Dónde queda ahora la distancia entre arte y pueblo?; pero esto claro, pasa por empezar a ser más maduros y no adueñarse de la obra con modelos tipo copyright; y ni siquiera tampoco, tipo copyleft; quizás sólo la devolución sea una respuesta adecuada; desde este prisma el objeto deja de ser “mi” objeto; porque es el objeto de todos, y eso, literalmente destruye el poder, sin más, porque todo porder grande se alimenta de pequeños poderes; sin estos, o cuando estos pertenecen a todos por igual, el poder, simplemente no existe.

¿Y mientras llega el fabbing qué? Pues mientras llega el fabbing, y aún cuando llegue (porque el fabbing no sirve para todo tipo de arte, véase por ejemplo la pintura) la ética del Bricoleur, el “Hazlo tu mismo” siguen siendo válidos. Señores artistas, creen ustedes arte, interprétenlo también; pero déjen que nosotros lo hagamos a nuestro modo, y no nos demanden, al fin y al cabo; todos somos dueños de las ideas.

El presente, dice Heidegger, no es más que un futuro sido; lo que aquí digo, ya fue futuro; ahora está siendo.

 

 

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