Autores: César Vallejo

Nunca se puede decir lo suficiente de César Vallejo. Uno de mis poetas preferidos. Su fuerza poética y su estilo inconfundible. Su pasión… y su tristeza desde más abajo. Aún me martillea en la cabeza Septiembre precisamente porque:

Aquella noche de setiembre, fuiste
tan buena para mí… hasta dolerme!
Yo no sé lo demás; y para eso,
no debiste ser buena, no debiste.

Aquella noche sollozaste al verme
hermético y tirano, enfermo y triste.
Yo no sé lo demás.. . y para eso
yo no sé por qué fui triste. . . , tan triste…!

Sólo esa noche de setiembre dulce,
tuve a tus ojos de Magdala, toda
la distancia. de Dios… y te fui dulce!

Y también una tarde de setiembre
cuando sembré en tus brasas, desde un auto,
los charcos de esta noche de diciembre.

Y así fue. Tuve este poema pegado en la pared de mi cuarto un año entero, y fue Trilce uno de los libros que más me atrapó. Si, vale, tal vez es que no entendía nada (nunca había visto un libro de poemas con tanta letra pequeña entre poema y poema), pero por algún motivo esos poemas me sugerían algo, no quizás a la razón, pero me colocaban en un contexto concreto, un contexto al que sólo llego cuando leo esos poemas. Muchos son tremendamente tristes, claro, de una tristeza tan profunda:

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!.

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… ¡Pobre… pobre!. Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

(Los Heraldos Negros) aquí tenéis el audio de este poema:

Estuvo en la guerra civil española, y allá escribió “España, aparta de mi este caliz“, Masa, Cuidate España de tu propia España. Bueno y termino, termino ya, de veras; con ese poema profético, a los que sepan algo de su vida no tengo que decirles porqué lo digo, a los que no, quizá quieran leer su vida

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

Os dejo los enlaces:

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