Intrahistoria: El pensamiento

Imagen carretera con niebla

Imagen de pixabay.com/en/users/mkrause

[Uxío] Esta intrahistoria puede que resulte ser un poco extraña, pero son de esas cosas que a uno se le pasa por la cabeza, y hasta se asusta de que tales pensamientos fluyan por sus neuronas. Al final diré que estaba muy cansado y ya no regía bien.

El último viernes fue un tanto desastroso, en el trabajo nada salía a derechas y hubo que hacer horario extra para enderezarlo, a veces hay cosas que jamás piensas que puedan fallar y cuando fallan te superan.

Todo el día habían ocurrido detalles que nunca me pasan. Si tenía un plato en la mano lo rompía. Si bebía agua la derramaba, y las prisas hacían que me olvidase de la mitad de las cosas.

Yo no soy de pensar en meigas ni en nada del más allá, pero por la noche tenía que viajar en coche. Por mi cabeza pasó una sensación extraña, tuve la certeza de que algo saldría también mal. En el coche es cosa seria, podemos verlo todos los días en el informativo.

Los que me conocen saben que siempre soy muy prudente al volante, pero esta vez lo fui aún más. En la autopista, supongo que por imaginaciones mías los coches parecían ir de una manera más alocada, aunque es algo inherente a los viernes.

Lo fuerte ocurrió recién salido de la autopista. Debía pasar por un polígono industrial en plena noche. Había un cruce de cuatro caminos. De frente se acercaba un coche, muy despacio. Yo tengo la norma no escrita de, aunque la maniobra sea clara, en los cruces reduzco a segunda, sé que a más de uno le desespero.

No había nadie más en el cruce y me disponía a girar, cuando instintivamente y sin saber muy bien porqué di un frenazo. Por la derecha apareció una enorme furgoneta a 100 km/h. Apenas la vimos un segundo. Lo que más me desconcertó fue un pensamiento ¿Estaba esa furgoneta allí para acabar conmigo? ¿Era la guinda a un día perfecto? Si no hubiese frenado la muerte sería segura…

Sigo mi ruta y en una rotonda me encuentro un coche que la recorre en dirección prohibida y subiéndose por las aceras. Volví a la realidad del día a día en la carretera, aquí es claro que cualquier falta de prudencia se paga con grandes consecuencias.

Pero en fin, era tarde, estaba muy cansado y ya no regía bien.

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