Metáforas equivocadas: El amor

El amor no es una cosa. No es ni un lugar al que haya que llegar, ni nada que haya que encontrar, ni un estado de locura transitoria.

No es un hilo misterioso que nos une a través del tiempo e incluso más allá de la muerte, ni  un suspirar eterno desahogado (no es un suspiro); no es un repetir un nombre incesantemente y a todas horas y sin descanso, (y en todos los idiomas y lenguajes posibles) o el ver un rostro en todos los lugares.

No es un morirse por la ausencia de quien es amad@; ni tampoco una ofensa a lo que se quiere por no morir de amor. Quizá no sea ni siquiera una sensación que tenemos, esa sensación de… mariposas, dicen, en el estómago. Tampoco es solamete algo químico, ni algo biológico, no es una cosa química o biológica, ni por supuesto una atracción por ese menor índice de fluctuaciones asimétricas que algunos dicen. Siempre me recuerdo a Wittgeinstein cuando dice que a la pregunta “¿Por qué?” Se puede responder con un motivo, pero también con una causa.

El amor no es una querencia, ni un cariño, ni una sensación de admiración; no es un estar en un fervor poético donde sólo se dicen tonterías.

Probablemente el Amor no existe. No es una cosa que haya que encontrar, y menos aún pretender haberla encontrado y pensar, “ya está“, “ya lo encontré, ahora descanso“. Lo primero suele ser causa de grandes decepciones, lo segundo de grandes fracasos y rupturas.

La metáfora del amor como cosa es la metáfora equivocada más extendida y de las más peligrosas, subyace en el fondo de todos los que dicen que es una reacción química, o que es un sentimiento, (un sentimiento es algo así como una cosa invisible) o incluso una idea (una idea es una cosa que tenemos en la cabeza). Otros dicen que es una especie de estado emocional; pero eso no deja de ser algo así como un lugar, “está enamorado“, decimos. Un lugar, a fin de cuentas, es una especie de cosa, o al menos la interpretamos como tal, aunque no lo sea exactamente.

Y ahora, los que habéis leído hasta aquí estaréis desesperados ¿Pero qué dices? ¿Entonces qué?

Bueno, la verdad no existe tampoco, en fin eso lo dejamos para otro día. Últimamente estoy un poco Willian-Jamesoniano; así que, mientras no pueda encontrar la verdad verdadera (los que dicen haberla encontrado suelen ser muy peligrosos), me conformaré con la verdad más útil. Por eso, la metáfora del amor como cosa, me parece equivocada.

Prefiero hablar del Amar, el amar es un hacer, no es una cosa que haya que encontrar. Hablamos de amor como actividad, como comportamiento. Claro que el amor es transitorio, como toda actividad muere cuando cesa. Esto explicaría porqué fracasan muchas parejas que creen haber encontrado el amo. Al creer haberlo encontrado simplemente dejan de buscarlo; cesa la actividad, y el amor con ella. Además esta metáfora tiene una ventaja importantísima, el amor como cosa, es una visión individualista, es una cosa que yo tengo, “yo estoy enamorado”, “yo te quiero”, “yo me muero si no estás” etc… Pero el amor como actividad es una actividad de dos, una actividad conjunta en pura cooperación, es una actividad que no adquiere la categoría de amar hasta que los dos actúan en la misma dirección.

Lakoff dice que amar es más bien como hacer una obra de arte en conjunto, o un viaje sin meta; no sólo Lakoff, tenemos a Erich Fromm y su libro “El arte de amar“.

Y todo esto porque hoy leí un poema mío, de hace algún tiempo:

Por eso el Amar
no es más que una performance
a la que llamamos
nuestra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies